28 de octubre 2013
Como es de costumbre en la tarde asistí a la Eucaristía, en esta oportunidad oré con todo mi corazón por mi fraternidad JUFRA, pedí muchos dones espirituales para mis hermanos especialmente para aquellos que atraviesan momentos difíciles y crisis de fe. Mientras transcurría la misa, llegó un hermano mendigo a quien he estado ayudando desde hace algunos meses. En el momento de la consagración le digo a Jesús que si realmente está presente en ese mendigo hiciera que el se arrodillara (pues no acostumbra a eso). Para mi asombro y alegría vi que se arrodilló y se mantuvo así durante toda la consagración. Sentí una gran consolación en mi alma al sentirme escuchada por Jesús y amada por El con todas mis miserias.
Mas tarde, ya al finalizar la misa, el hermano mendigo se me acercó para pedirme dinero. Lo llamo para que se sentara a mi lado y le digo: -Tengo lo que me pides pero ¿me aceptarías otra cosa mas?. El movió su cabeza aceptando mi petición. Le doy el dinero y una bolsa pequeña con pan que guardé para el. Me pregunta: -¿Que tiene la bolsa? Yo le dije:- Solo pan. El se sonrió de una manera tan dulce y tan real que también me hizo sonreír. Le quise preguntar su nombre pero no me dejó y se marchó.
Para mi fue un momento muy bonito, donde Jesús se me presentó en el mas necesitado y me di cuenta que estas personas necesitan sobre todo gestos de amor, necesitan sentirse tomados en cuenta y valiosos.



