22 de octubre 2013
Meditando en la vida de Saul, en la Palabra de Dios, reflexionando sobre su pecado y las consecuencias de ello, me doy cuenta que yo también soy como el. Unos de mis defectos es que soy impaciente, humanamente me gusta obtener respuesta rápido, en ocasiones puedo ser impulsiva y eso me ha llevado a cometer errores, a tomar decisiones equivocadas que me han echo sufrir.
Sin embargo, siento que Dios me instruye en esta virtud, los acontecimientos en mi vida me hacen reflexionar en el plan de Dios para mi. Es cierto, yo no he tenido una escuela especial donde me formen desde el punto de vista espiritual, ni un maestro particular. Pero en mi vida, tengo la certeza que Dios ha sido para mí ese maestro y esa escuela de formación, El es quien me enseña a ser mejor, me enseña a vencerme a mí misma, y para ello se vale de todo lo que me rodea y de todo lo que me pasa.
Oh Dios Todopoderoso cuanto me cuesta ser paciente, pero este sufrimiento humano te lo ofrezco a ti, transformarlo en una ofrenda agradable a ti. Enséñame la santa virtud de la paciencia, hazme dócil a ella, no permitas que caiga en la tentación, has de mi alma fuerte ante mis enemigos, mediante la santa paciencia. Amen.


