14 agosto 2013
Dios Padre, gracias porque me das innumerables pruebas de que me escuchas, conoces mis intenciones mas profundas, conoces todo de mí. Eres bondadoso y amoroso conmigo, sabes lo que pienso y lo que siento.
En el silencio, en la serenidad estas Tu. Aunque mis oídos corporales no te escuchen, aunque mis ojos no te puedan ver, se que estas allí. ¿Cómo puedo responder a tanto amor? Hoy en misa, sentí tristeza en mi corazón cuando vi que un mendigo era ignorado, rechazado por la feligresía. A pesar de que le dí una pequeña limosna, sentí que era insuficiente. Entonces pensé: -¿Qué puedo hacer para ayudarles? Si yo pudiera vencer el miedo y hablarles, invitarlos a la eucaristía, sentarlos en un lugar digno y con la fraternidad, aliviar sus necesidades y hacer que se acerquen mas a Dios, eso sí me llenaría de gozo!
Si esto es posible, mi Señor, entonces dame valor para acercarme a ellos, la oportunidad para hablarles, abrazarles, enseñarles que Tú los amas y estas con ellos.

El Amado está allí, como escondido, dormido, en el corazón del alma, especialmente de los mas pobres.
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