1 septiembre 2013
Hoy en un retiro de discernimiento espiritual fui descubriendo dos cosas:
1. Dios me llama para El. Sentí que mi vida y mi corazón debían ser para El, así que mi respuesta fue "Sí" a Cristo.
Le dije: Quiero consagrarme a Ti, siento un anhelo por la santidad y que la forma de hacerlo tendría que ser con radicalidad como San Francisco y Santa Clara de Asís, que me invitará a la renuncia total, renuncia a mis propias debilidades e inclinaciones humanas, y que este camino fuera difícil, es todo o nada.
2. Lo que antes se me hacía difícil ahora se me ha convertido en dulzura, ternura y anhelo: la oración
Posdata: En ese momento no entendía bien las mociones del Espíritu. Después fui entendiendo que Dios no me llamaba a una forma de vida contemplativa, sino en el mundo, como laica consagrada, una vida ciertamente con sus propias exigencias, pero donde mejor podría ser útil los dones que he recibido.



