20 de junio 2013
Luego de estar una semana completa en Rio de Janeiro con una asistencia mínima a la Eucaristía, no porque no quisiera, sino porque no podía, ya que no dependía de mi, realmente sentí una gran necesidad de encontrarme con mi amor Jesús en el pan Eucarístico. Cuando comenzó el Encuentro Internacional de la JUFRA y la Jornada Mundial de la Juventud, me sentí mucho mejor al participar con mayor frecuencia en la misa, experimente dicha, alegría, felicidad, paz.
Amigo (a) lector (a) en el caminar y en la aventura del discernimiento vocacional, Dios hace suscitar en las almas que son para El un sentimiento inexplicable de amor intenso, ternura, deseo de estar siempre a su lado y de hacer todo aquello que a Jesús y al Padre le agradan. Pero eso no significa que vengan momentos de turbaciones emocionales, pues también somos de carne. En el viaje de Río de Janeiro a Buenos Aires, tuve la oportunidad de reflexionar mucho, porque en esos días de mi estadía en Río sentí que me gustaba un chico y como el tenía casi que todas las cualidades que en algún momento llegué a buscar de alguien, parecía el chico perfecto. Solo pensar en eso, me hizo sentir tan mal, una enorme tristeza invadió mi corazón pues deseaba sentir mucho mas por Jesús y no por hombres. Mas tarde entendí que Jesús quería que me diera cuenta de mis sentimientos por El, la carne puede hacerme sentir eventualmente cosas contrarias a mi opción de vida, pero lo que verdaderamente importa es que mi corazón está unido al de El y es El quien me da la fuerza para superar toda prueba, toda tentación.
En ese mismo meditar y viendo las estrellas noté un grupo grande de ellas juntas formando una especie de cinturón, y luego vi otra estrella un poco mas grande, irradiaba mas luz pero estaba retirada de las demás. Sentí en mi corazón una voz que decía "Quizás tu seas como esta ultima estrella, alumbraras mas pero no serás ni estarás con las demás estrellas, ora por ellas". Inmediatamente me levanté y miré mejor el cielo, apenas pude detallar que alrededor de la estrella grande había otras diminutas, casi no se veían. Allí fue la primera vez que sentí que Dios me daría hermanas que compartieran mi misma vocación, no estaré sola, tendré hermanas que les haré crecer en las cosas de Dios, trabajaremos y oraremos por el resto de las almas.

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