Para los que se esfuerzan en seguimiento de Cristo, hay una tentación fuerte y desgastante espiritualmente; creer que nuestros pecados son tan grandes y graves como para que Dios piense en elegir a un ser tan pecador, y que la santidad es imposible para alguien así. Estos pensamientos causan mucho dolor y desmotivan, generan un panorama de oscuridad y el resultado es la perdida del norte y de la fe.
Bien, ante esta situación puedo darles algunos consejos:
1.- Darle la justa dimensión a nuestros pecados, lo que nos lleva a reconocer con humildad nuestra miseria humana en sus proporciones reales, y es por ello que reconocemos también que necesitamos de Dios.
2.- Dios nos llama aún con nuestra pobreza, y si El nos llama es porque cree que es posible nuestra SANTIDAD, pues de El proviene todo lo santo y perfecto, nunca de nosotros.
3.- La Virgen María nos puede sacar con mayor facilidad de esta oscuridad y tentación, aferrarse a Ella es la mejor opción, pues Ella nunca nos va a dejar caer. Ella es la maestra que nos enseñará la santidad que es agradable a Dios.
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