Este día experimenté un gozo inexplicable, una alegría desbordante, un amor penetrante. Mi asistente espiritual me dio fecha para realizar una consagración privada el día 8 de diciembre del año en curso. El que haya coincidido el día de la Inmaculada Concepción fue para mi un hermoso regalo pues entendí que la Virgen María, mi madre santísima, aceptaba con agrado ser la PROTECTORA y GUÍA de mi vocación. En Ella he puesto toda mi confianza.
Gracias a Dios Padre, porque te has fijado en la humildad de tu sierva, la mas pequeña de tus hijas. Repito las palabras de David a Dios: "Señor, tu eres realmente Dios, tus palabras son verdaderas, y tu eres quien hace la promesa a tu servidor. Ahora dígnate bendecir la familia de tu servidor, que tu bendición acompañe siempre a mi familia, como tu, mi Señor" (2da Sam 8, 28-29) .

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